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La desnutrición, originada por la ingestión no eficiente de nutrientes según los requerimientos fisiológicos, es, desde hace mucho tiempo, un fenómeno de alcance mundial. Ha pasado a ser una de las enfermedades más comunes en la actualidad ya que se encuentra relacionada con la condición social del hombre, que hoy en día no resulta favorable; en especial en los países en vías de desarrollo.
El estado nutricional en condiciones normales es la resultante del balance entre lo consumido y lo requerido, lo cual está determinado por la calidad y cantidad de nutrientes de la dieta y por su utilización completa en el organismo. Podemos encontrar una enfermedad estrechamente relacionada con la misma: la desnutrición. Como su nombre lo indica, en esta patología el cuerpo no recibe los “combustibles” que necesita; como por ejemplo hidratos de carbono, grasas y proteínas. Puede estar provocado por la falta de ingesta o absorción de alimentos, por estados de exceso de gasto metabólico, por un exceso de algún nutrimento o su excesiva eliminación.
“Con la panza vacía no se puede estudiar”: malnutrición infantil
Los múltiples síntomas de esta afección que pueden presentarse estarán determinados por el nutriente que se encuentre ausente en el cuerpo. Es así que una mala nutrición de tipo calórico-proteica durante la infancia, no sólo interfiere en el sistema nervioso central afectándolo, sino que también puede provocar posteriormente un retraso en el desarrollo mental y en la capacidad del niño en cuanto a características motoras y de aprendizaje. Ahora, teniendo en cuenta la deficiencia de ciertas vitaminas y minerales, se puede decir que la misma puede producir diferentes manifestaciones. Cuando las cantidades de proteínas que se ingieren no son las necesarias para el cuerpo, o cuando no poseen un elevado valor biológico, el crecimiento se ve perturbado, además de disminuir el rendimiento energético de cada alimento ingerido. Puede producir también una alteración en el intestino, lo que terminará por perjudicar el proceso de digestión de carbohidratos y la absorción de lípidos. Los hidratos de carbono tienen la propiedad de retener agua y electrolitos: las dietas que no aportan suficientes cantidades de estos nutrientes provocan pérdida de agua, sodio y potasio, produciendo fatiga y pérdida de peso.
Causas de la enfermedad
La disponibilidad, el consumo y la utilización de los alimentos pueden tener un fuerte impacto en la baja ingesta de algunos nutrientes. A su vez, otra alteración puede estar dada por un exceso de algún nutriente, es decir, una dieta mal balanceada; o, por el contrario, su excesiva eliminació
n. Un ejemplo de esto pueden ser las enormes pérdidas de hierro causadas por prolongadas pérdidas menstruales. Por otro lado, se pueden encontrar los trastornos de absorción intestinal, que también pueden causar cuadros de desnutrición, a pesar de haberse ingerido la cantidad necesaria de nutrientes.
Se puede analizar esta enfermedad según dos vertientes generales. Por un lado, encontramos la desnutrición primaria y por otro la secundaria. En el primer caso, la causa se encuentra relacionada con la deficiente ingesta de alimentos y el entorno (biológico, socio-económico) y es por esto que, por lo general, afecta a grupos sociales más que a individuos aislados. En este caso, no se debe a problemas particulares del organismo, lo que sí se puede encuadrar en un ejemplo de desnutrición secundaria. El hecho de tener un tipo secundario implica tener que cuenta otras cuestiones, ya que puede estar causado por otra patología, como el cáncer o la tuberculosis. La enfermedad puede traer consigo otras consecuencias pues la falta de alimento puede aparecer a partir de otras patologías como la anorexia y la anemia. El problema puede tener resolución en tales casos solo si el paciente tiene la voluntad y acepta que se realicen los controles necesarios y el tratamiento indicado.
Investigaciones y estadísticas de desnutrición
Según la UNICEF, esta enfermedad es la gran causa de muerte de lactantes y niños pequeños en países en vías de desarrollo. En el mundo nacen anualmente cerca de 24 millones de niños con un peso inferior al normal (menos de 2,5kg),
lo que constituye el 17% de la totalidad de nacimientos. Esto se debe en parte a que las personas en ciertas etapas de la vida como en la niñez, la adolescencia, el embarazo y la lactancia, se encuentran más vulnerables a su padecimiento ya que el cuerpo requiere un mayor aporte de nutrientes.
Durante los últimos años se habla de este mal como una emergencia médica ya que su prevalencia en la población se estima del 20% o superior entre los seis meses y cinco años. Médicos Sin Fronteras ha tratado más de 300.000 casos en los años 2006 y 2007. Hoy en día, la situación se encuentra afectando gravemente a los niños de más de 20 países del mundo, mayoritariamente de África subsahariana y sur del continente asiático. Estos pequeños no consumen los nutrientes que requieren por lo que quedan totalmente vulnerables. Así, por ejemplo, sólo un resfriado puede llevarlos directamente a la muerte. De seguir persistiendo, es probable que cause terribles consecuencias no sólo en infantes, sino también en la sociedad en general y en el futuro de la humanidad.
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