La aspirina va a Beijing

¿Podemos decir que el deporte es realmente salud? ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por conseguir un poco de gloria?
Como todos sabemos, el rendimiento físico de los deportistas ha ido incrementándose en las últimas décadas. Es así que, si hacemos referencia a las últimas olimpiadas observaremos que los récords mundiales han sido “fáciles” de romper. Día a día millones de deportistas buscan superarse,  llegar al límite, destacarse. Sin embargo, ¿cuál es el precio que los mismos pagan para llegar tan lejos?


 
Actualmente, existe una relación directa entre el deporte y los fármacos. Pero el dilema más complicado de las drogas apunta mayormente a los factores psicológicos que las envuelve. El deseo de destacarse, es uno de los más importantes, aquel que comienza anhela ser conocido y admirado por sus compañeros,  parientes, amigos y su propio entrenador. A medida que va avanzando en su camino aumenta la necesidad de vencer, algo que con el tiempo, supone lograr la victoria a cualquier precio. Muchas drogas  prometen ayudar al atleta, aunque a veces el precio sea el mismo cuerpo.
Varios deportistas  con el afán de querer triunfar se someten al  uso de determinados compuestos que le prometen tener un mejor rendimiento al momento de competencias o entrenamientos. Un gran mito en este ámbito es la aspirina.

Para empezar, remontémonos a sus orígenes. En 1853, el químico francés Charles Gerhardt sintetizó el medicamento que hoy llamamos aspirina a partir del ácido salicílico, pero la sustancia sólo despertó un interés pasajero, y permaneció en el olvido hasta que Félix Hoffmann, químico de la compañía farmacéutica alemana Bayer, la redescubrió por casualidad en 1897. Según se dice, Hoffmann esperaba que el fármaco aliviara el dolor artrítico de su padre. Así fue, y dos años después Bayer introdujo la aspirina en el mundo.
La mayoría de los novatos,  no tienen la posibilidad económica de poder comprar ciertos complementos, es así que recurren a este fármaco. Su popularidad se debe a que no posee un alto valor y que es de venta libre. ¿Cuantas veces ingerimos una aspirina, ya sea porque nos duele la cabeza o estamos cansados? Del mismo modo, diferentes personas las utilizan para mejorar su rendimiento, en este sentido, nuestra intriga gira en torno a los efectos que la misma produce para satisfacer las diversas expectativas.
Considerando que el entrenamiento pesado produce ciertas molestias, como una mayor densidad en la sangre (al perder agua por la sudoración), así como también, daño en diferentes células que implica una recuperación más lenta, la aspirina resulta ser un fármaco que elimina esos pequeños dolores asociados con el entrenamiento pesado, ayuda a reducir la inflamación, facilita el flujo de nutrientes a los músculos trabajados, y mejora las respuestas generales de recuperación del entrenamiento pesado.
En este sentido, se asocian al ácido acetilsalicílico propiedades analgésicas y anti-inflamatorias.
Se cree que la actividad anti-inflamatoria se debe a la inhibición de la acción COX-2 (ciclooxigenasa), enzima que sintetiza la prostaglandina. Esta sustancia, presente en muchos órganos y tejidos corporales, es responsable de la vaso-dilatación, sensibiliza los receptores nerviosos al dolor, estimula las células inflamatorias e incitan la producción de interleucina-1, un potente inductor de la hinchazón. Frente a ello, la aspirina ejerce su acción antiinflamatoria al bloquear la síntesis de prostaglandina.
Asimismo, los efectos analgésicos de la aspirina son, al parecer, efectos indirectos sobre el sistema nervioso central. Al disminuir la síntesis de prostaglandinas, hormona que puede medir o potenciar los procesos de inflamación y la sensación dolorosa, la aspirina reduce la percepción del dolor; de esta forma
produce la acción analgésica sobre los tejidos.
Estos efectos, ayudan a la recuperación del cuerpo, luego del ejercicio pesado, preparándolo para un nuevo entrenamiento.

Por otra parte, a su vez estimula la respiración, ya sea en forma directa como  indirecta. Aumenta el consumo de O2 (oxígeno) y la producción de CO2 (dióxido de carbono) principalmente a nivel del músculo esquelético, donde interviene sobre la fosforilación oxidativa. De esta forma, ayuda a la producción de ATP (adenosina trifosfato), y a su vez, previene los calambres.
Del mismo modo, podríamos señalar que la aspirina, gracias a su efecto anti-coagulante, vuelve la sangre menos densa, lo que ayuda a los deportistas frente a un entrenamiento de alto rendimiento. La  aspirina bloquea la acción de la COX1, enzima que también es  responsable de la agregación de las plaquetas, y de esta forma favorece la licuación de la sangre.
No obstante, pese a los numerosos beneficios que podemos encontrar en este medicamento, observamos que su abuso puede traer numerosas consecuencias contraproducentes. En primer lugar, uno de los grandes problemas de este fármaco es que en altas dosis puede ocasionar hemorragias estomacales y úlceras, desarreglos renales y del sistema nervioso central. Esto se debe que existen varias prostaglandinas, que actúan en diferentes sectores: algunas protegen la mucosa gástrica y participan favorablemente en la función renal; mientras que otras prostaglandinas activan los procesos inflamatorios, dilatan los vasos sanguíneos y colaboran en la aparición del dolor. La aspirina, al inhibir la función de la COX (ciclooxigenasa), limita la síntesis de esta hormona en general, sin discriminar los diferentes efectos, por lo que las consecuencias también son negativas.
A su vez, como ya he dicho, la aspirina, por medio de la inhibición de la enzima COX, inhabilita la acción plaquetaria. Sin embargo, debemos tener en cuenta, que las plaquetas son fragmentos celulares anucleados y, por tanto, incapaces de llevar a cabo la síntesis proteica, por lo que no pueden reponer la actividad enzimática; de esta forma la misma se prolonga durante toda la vida de la plaqueta. Es así que, puede llegar a provocada disminución de la capacidad agregante de las plaquetas sanguíneas.
Otro efecto de la aspirina sobre las plaquetas es que disminuye la secreción de gránulos densos durante la activación plaquetaria. Además, el ácido salicílico, tiene cierto efecto fibrinolítico, es decir  que disuelve las fibras presentes en el vaso sanguíneo. Este último efecto, aunque ayuda a la eliminación de trombos, posiblemente condicione el riesgo de mayor hemorragia durante cirugía de by-pass coronario.
La gente confía en ella como analgésico, siendo su uso doméstico sumamente frecuente. Sin embargo, por la fácil accesibilidad a esta droga, a menudo se subestiman sus potenciales peligros. Como toda droga, la aspirina es útil a determinadas dosis, pero tóxica y altamente peligrosa cuando se administra sin indicación médica o sin control alguno. Los diferentes atletas, como ya hemos visto encuentran numerosas ventajas en la utilización de la misma: sin embargo, en muchos casos se olvidan que están ingiriendo un fármaco que puede producir efectos colaterales, y no consultan a un médico. Asimismo, otro punto importante en su aplicación en este ámbito es que al contrario de los anabólicos, la aspirina no forma parte de las sustancias causantes del doping; lo que libera aún más su uso.
El afán de triunfo, de popularidad, lleva a destruir la histórica relación salud-deporte, de esta forma se rompen todos los valores que el deporte en si desea transmitir. Cualquier atleta que quiera mejorar su rendimiento, solamente tiene que seguir entrenando de forma conciente y prologada. Es un proceso largo y engorroso, pero vale la pena, y más aún si sabemos que lo conseguimos por nosotros mismos.