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La anestesia es el modo más eficiente, conocido hasta el momento, con el cual se anula total o parcialmente la sensibilidad. Pero en determinados y dramáticos casos las funciones de la anestesia no se cumplen totalmente y ocurre el despertar durante la operación. ¿Qué le sucede al paciente entonces?
¿Qué es la anestesia?
Desde el principio de la historia de la Medicina se ha buscado un medio de eliminar el dolor. Esta búsqueda se hizo científica en el siglo XIX (desde 1842), innumerables médicos fueron comprobando que la implementación de distintos gases, como el éter, el óxido nitroso y el cloroformo entre otros, lograban un estado adormecedor en el paciente y a su vez, éste no sentía dolor alguno al despertar luego de la intervención.
Con el paso de los años la técnica se fue perfeccionando y se descubrieron nuevos procesos, recursos y anestésicos más seguros que los anteriores.
Actualmente el proceso que conlleva la anestesia constituye una ciencia por derecho propio, la Anestesiología; ésta incluye otras muchas áreas de actuación además del quirófano
, entre las que están el tratamiento del dolor y el manejo de cuadros clínicos críticos, y situaciones de emergencia dentro y fuera de los hospitales.
La función de un anestesiólogo durante las intervenciones quirúrgicas es la de ocuparse del estado de conciencia e insensibilidad al dolor del paciente, pero además debe cuidar al enfermo y mantenerle sus signos vitales dentro de los parámetros considerados normales. El anestesiólogo se mantiene presente durante toda la intervención y controla la temperatura, la presión arterial, la respiración, el buen funcionamiento de órganos como riñones y pulmones, y realiza el monitoreo cardíaco del paciente.
Hay tres tipos de anestesias: la local, que consiste en la interrupción de la transmisión nerviosa en un punto concreto del trayecto nervioso e incluso en la eliminación de la recepción de un estímulo. La regional, con la que se obtiene un bloqueo sensitivo y en general, bloqueo motor. El bloqueo sensitivo se refiere a la interrupción de la señal dolorosa (analgesia) como también la señal de temperatura, tacto, presión y posición que viene de la periferia. Y la general, en la que se produce un estado de inconsciencia mediante la administración de fármacos por las venas (vía intravenosa), de manera inhalatoria (inhalación de vapores o gases) o por las dos, combinadas. Ésta última está compuesta por cuatro partes con funciones diferentes: analgesia: que no nos duela (ni a nosotros, ni a nuestro cuerpo); hipnosis: mantenernos dormidos; bloqueo neuromuscular: bloquear todos los movimientos musculares; y homeostasis: control de los signos vitales.
Totalmente consciente, físicamente paralizado
Como ya se dijo, la anestesia general hace que la persona permanezca completamente inconsciente durante la intervención, sin que experimente sensaciones ni dolor, no pueda moverse y no tenga conciencia ni recuerdos de la intervención.
Pero ocasionalmente no se logra el objetivo, es decir, el paciente no se duerme completamente, los procesos de bloqueo neuromuscular, se cumplen; la homeostasis, también; incluso la analgesia (en algunos casos), pero la hipnosis no logra completarse -ya sea por el anestésico en sí o la reacción mientras la persona está siendo intervenida- por lo que el paciente está consciente durante la cirugía en algunos lapsos de tiempo, pero no puede realizar movimientos, hablar, sentir el dolor (usualmente) o cualquier otra cosa. Este acontecimiento se llama percepción operatoria, estado de alerta consciente o despertar intraoperatorio.
Este estado de alerta es poco frecuente, sucede en 1 ó 2 pacientes cada 1.000. Pero cuando ocurre, es casi siempre fugaz o breve con recuerdos vagos o difusos, con cierto reconocimiento específico de su alrededor durante la cirugía, y no es una experiencia traumática para el paciente. Además, usualmente no sienten dolor, aunque algunos pueden experimentar cierta sensación de presión.
Cuando ocurre que un paciente bajo anestesia general esté despierto y experimente dolor severo durante la intervención quirúrgica, y que pueda recordarlo en el postoperatorio, es alarmante tanto para los anestesiólogos como para los protagonistas. Además, existen pruebas experimentales de que la memoria o el recuerdo consciente de episodios intraoperatorios, son solo una pequeña parte de lo que se puede recordar, y es posible que exista una alta incidencia de percepción inconsciente durante la anestesia general. Esto tiene mucha importancia clínica y puede ocasionar secuelas emocionales y psicológicas intensas y prolongadas
Se aconseja terapia inmediata después de un episodio de estado de alerta consciente, ya que puede ayudar a mitigar la sensación de confusión, estrés, o trauma relacionados con esta experiencia.
El estado de alerta consciente puede ocurrir en cirugías de alto riesgo, como cirugías cardiacas en las cuales la condición del paciente puede no permitir la aplicación de una anestesia profunda. También puede darse en cirugías obstétricas (aquellas relacionadas con la maternidad).
Prevención del despertar
La principales medidas que se proponen para prevenir estos casos son la constante asistencia de un anestesiólogo durante la intervención (monitoreo de la respiración y aparatos), medidores de presión de anestésicos int
ravenosos, administración de hipnóticos, y fármacos amnésicos.
Además, se han creado métodos para la medición de cambios en la presión arterial, frecuencia cardíaca, sudoración y lagrimeo que parecen bastante eficientes para determinar casi fielmente las respuestas al estímulo doloroso. Otra de las técnicas comúnmente utilizadas es el conocido electroencefalograma (EEG), que consiste en el registro de la actividad eléctrica procedente de la corteza cerebral a través de electrodos colocados en el cuero cabelludo. Pero a menudo surgen dificultades en la interpretación en cambios complejos en la forma de las ondas electroencefalográficas, que dificultan la percepción de estados intermedios entre la vigilia y la inconciencia. Complementando al EEG existe el análisis biespectral, un método matemático que permite estudiar los trenes de ondas de la señal del EEG mediante las posibles interacciones entre las diferentes ondas sinusoidales. El análisis biespectral mide la correlación de la fase entre las diferentes frecuencias obtenidas. Para este último existe un dispositivo que funciona por un monitor, lo que lo hace más eficiente
Concluyendo
El despertar intraoperatorio es una grave complicación asociada a la anestesia general, de serias consecuencias para el enfermo y el anestesiólogo. Actualmente existen sistemas de análisis que ofrecen un monitoreo sencillo y no invasivo para disminuir de manera significativa el riesgo de esta complicación. Una rápida intervención de los profesionales podrá evitar secuelas traumáticas indeseadas.
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