El dengue, entre nosotros

Marzo 14, 2013
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El Dengue es una enfermedad viral infectocontagiosa, cuyo vector o agente es el mosquito AEDES AEGYPTI. Que esta enfermedad sea transmitida por un mosquito, hace que sea de muy sencilla y rápida transmisión, y por tanto causante de numerosas epidemias en distintos lugares del mundo


El dengue en la antigüedad
Las primeras apariciones del dengue se registraron en China, en una Enciclopedia de la Dinastía Chin (265-420 d. C.) en la cual se referían al dengue como “veneno de agua”, asociado a insectos voladores. Las primeras epidemias documentadas se desarrollaron en Asia, América del norte y África, entre 1779 y 1780. Sin embargo, el término dengue no se utilizó hasta 1827, cuando una epidemia caracterizada por presentar fiebre y otros síntomas característicos del dengue, azota al Caribe. Los esclavos provenientes de África lo denominaron digna o dyenga, que significa ataque repentino (calambre o estremecimiento) provocado por un “espíritu malo”.

El perfume viene en frascos chicos… el veneno también
Cuando el mosquito pica a una persona infectada por el virus, éste ya se encuentra en condiciones de transmitirlo. El mosquito hembra Aedes Aegypti es el encargado de contener y propagar el virus, ya que al ser hematófagos obligados, necesitan sangre para alimentarse y que maduren sus huevos.
El dengue está caracterizado por presentar síntomas (después de 5 a 6 días de la picadura) como fiebre e intenso dolor en articulaciones y músculos, inflamación de los ganglios linfáticos y erupción ocasional de la piel. Generalmente se presenta en dos formas: como una enfermedad de tipo gripal (fiebre del dengue) o como una enfermedad más grave capaz de provocar hemorragias y hasta la muerte (fiebre hemorrágica del dengue). Ambas afectan a niños, adultos y mayores, sin embargo son bastante diferentes: la fiebre del dengue, a pesar de ser grave, rara vez causa la muerte. En cambio, la fiebre hemorrágica del dengue, al causar hemorragias y a veces un estado de shock, puede llevar a la muerte.

Agua que no has de beber, déjala correr
Lamentablemente, aún no existen vacunas contra el dengue ni un medicamento específico. Sin embargo se puede tratar con PARACETAMOL (aunque sea solo un paliativo) y líquidos por vía oral (para prevenir la deshidratación). Es importante no automedicarse, ya que ciertas aspirinas y/o fármacos pueden agravar la enfermedad.
Queda claro en este último párrafo que la única medicina es la prevención. Para esto hay que tener en cuenta que el mosquito Aedes Aegypti deposita sus huevos en recipientes que contengan agua estancada, como floreros, latas, botellas, tambores, cubiertas usadas con agua de lluvia. Si bien las acciones individuales son importantes, no son suficientes, ya que es necesaria la intervención de toda la población y las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.

Un paraíso para el mosquito
Actualmente el dengue se considera una enfermedad en expansión debido al aumento de población urbana, y fundamentalmente al aumento del índice de pobreza. Todos sabemos que donde hay pobreza hay suciedad, hay basura, y donde hay basura hay mayores probabilidades de que se halle agua estancada, “un paraíso para el mosquito”…
Desde tiempos muy remotos, el ser humano se las ha arreglado para sobrevivir a todo lo que la naturaleza le pone enfrente. Sin embargo pareciera que cuando a las cosas se las intenta mejorar, empeoran, creando más problemas.
Claro ejemplo es la Revolución Industrial. A partir de la creación de industrias, la acción del hombre sobre la naturaleza se hizo más intensa, incrementando la concentración de gases en la atmósfera y provocando alteraciones en el clima. Esto obviamente no se tuvo en cuenta, y actualmente el calentamiento global es una de las tantas causas del aumento de epidemias, como lo es en el caso de América del sur, que tras la propagación de lluvias en esa zona, la expansión del mosquito del Dengue aumentó. Y hablando de una manera más general, según Osvaldo Caziani, un científico argentino, “el recalentamiento global acelera el desarrollo del virus dentro del vector, amplía la zona de influencia de los mosquitos y su capacidad de adaptarse a temperaturas más frías…”.
¿Qué más pruebas hay que dar para que quede claro que nosotros somos responsables de las amenazas a nuestra calidad de vida? Los cambios climáticos, y con ellos las epidemias, vinieron para quedarse. El tema que hay que tratar ahora mismo es cómo organizarnos para enfrentarlos.

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