La tragedia del Ozono

El filtro natural que nos protege de radiaciones dañinas esta siendo destruido por nosotros mismos. Lo hacemos cada vez que utilizamos un aerosol, al usar el aire acondicionado o la heladera ¿podremos detener el empobrecimiento de la capa de ozono antes de que sea tarde?


 

Los causantes del problema
Hacia 1974, científicos estadounidenses descubrieron que ciertos productos utilizados en la industria contienen gases que producen la reducción de la capa de ozono, nuestra querida capa se ozono, aquella que nos protege de los rayos ultravioleta y de alta frecuencia provenientes del Sol y sin la cual la vida no sería posible.
Estos gases son los llamados clorofluocarburos (CFC’s) y contribuyen al desgaste de nuestra capa de ozono. Los CFC’s son comúnmente utilizados como gases propulsores en los aerosoles, también se utilizan en los equipos de aire acondicionado y heladeras, en las espumas aislantes, en el material de prevención de incendio, como disolventes para limpiar equipos electrónicos y hasta en la fabricación de los vasos y envases plásticos; todos estos, utilizados por las poblaciones a nivel mundial.
Pero ¿cuál es realmente el daño que contribuye al empobrecimiento de nuestro ozono?
A nivel molecular se producen en nuestra atmósfera reacciones y cambios que no percibimos, pero que existen, cada vez que una molécula de alguno de estos gases asciende hasta llegar a la capa de ozono. Lo que sucede es que bajo la acción de los rayos ultra violeta, las moléculas de los CFC’s “se rompen”, liberando al cloro, que es el que realmente destruye al ozono. Además, siendo estos gases tan estables, una molécula de cloro puede destruir unas 100.000 moléculas de ozono a su paso.
Como ya dijimos, estas moléculas son emitidas por millones de fuentes en el mundo, por lo que nuestra capa de ozono se encuentra reducida alrededor de todo el planeta. Y por lo que indican algunas mediciones, ha habido pérdidas de ozono de un 5% desde fines de la década de 1970.

La situación en la Antártida
Hay una zona en donde la reducción del ozono ha sido extrema. Esta zona es llamada agujero de ozono. Este agujero se sitúa sobre la Antártida, es observable durante el período primaveral y representa una destrucción de un 50% del ozono de esa región.
Ciertas investigaciones nos ayudan a entender que este fenómeno se da precisamente en esa zona y en ese período gracias a la concentración de CFC’s y por los particulares movimientos de aire en el polo; además es justamente en primavera cuando hay una intensificación de los rayos ultravioleta que alteran la composición de los CFC’s provocando la reducción del ozono.

Un difícil porvenir para todos
Es importante entender que la capa de ozono es nuestra única protección contra las radiaciones dañinas provenientes del Sol. Debemos saber que si ella, la Tierra se encontraría nuevamente en el mismo estado en el que estaba hace mil millones y medio de años y que siendo así, se produciría la destrucción del fitoplancton, base de las cadenas alimenticias del océano y en consecuencia de esto peligrarían todos los organismos acuáticos. Además, las radiaciones ultravioleta afectarían la capacidad de las plantas de absorber energía durante la fotosíntesis, por lo que se vería reducido su contenido nutritivo y crecimiento. Por otra parte, esto sería un gran problema para nosotros, los humanos, ya que estas radiaciones causarían un debilitamiento en nuestro sistema inmunológico e importantes daños en la vista y en nuestras células cutáneas, provocando un aumento fatal de casos de cáncer de piel.
Imagínense entonces, el daño que el uso abusivo de los materiales mencionados anteriormente puede producir en la capa de ozono y en consecuencia en los seres vivos que habitamos la Tierra.

Tratados ineficaces
Pero para nuestra suerte, en 1987 representantes de 40 países industrializados se reunieron en Canadá y firmaron el Protocolo de Montreal con el fin de reducir las emisiones de CFC’s al 50% para el año 2000. En los años siguientes, los datos obtenidos acerca de la evolución del agujero de ozono obligaron a quienes firmaron el Protocolo a revisar las metas originales del acuerdo, ya que se descubrieron nuevas sustancias que destruyen el ozono. Una de estas sustancias es el bromuro de metilo, utilizado como pesticida en mayor parte en los países del hemisferio sur. Éste tiene un efecto aún más destructor que el CFC sobre nuestro ozono.
Si bien el Protocolo de Montreal sigue en vigencia, se han registrado hacia 2006 concentraciones de ozono casi nulas en el centro de la Antártida. Además a finales del invierno el agujero alcanzó dimensiones récord: entre 3 y 4 millones de kilómetros cuadrados. Entonces, ¿cual es la falla en el acuerdo? En primer lugar, el calendario de eliminación de sustancias. Éste establecía una rápida disminución del uso de CFC’s en los países desarrollados y una disminución más lenta para los países en desarrollo. Esto significaba, según denuncias de Greenpeace, que las grandes multinacionales podían seguir produciendo estas sustancias y venderlas en los países subdesarrollados.
Otra de las falencias del tratado tiene que ver con la existencia de un mercado negro de estos productos que va en contra de las medidas acordadas. Por último, está el problema del reciclaje de la producción existente, que no debería liberarse a la atmósfera, pero que es inevitable ya que las moléculas de estas sustancias tienen una duración que está entre 14 y 80 años. Debemos esperar, según los científicos, hasta el 2065 para que nuestra capa de ozono recupere su equilibrio inicial.
En los últimos años se ha llevado a cabo el desarrollo de sustancias que reemplazarían a los CFC’s. Estas sustancias son los hidroclorofluorcarburos (HCFC’s) y no suponen una amenaza para la capa de ozono. El problema con estas sustancias de reemplazo es que contribuyen al aumento del recalentamiento global, el cual también es un gran problema a nivel mundial, por lo que resulta muy difícil encontrar un buen sustituyente para los CFC’s.
Ciertamente, la destrucción de este importante filtro natural nos llevará al fin de nuestros días sobre nuestro querido planeta Tierra, a menos que pongamos en marcha medidas que solucionen el problema a corto plazo. Las probables medidas deberían considerar la solución del problema lo más rápidamente posible, sin entrar en la confusión de que tomar una medida a futuro nos ayudará. El debate de estos temas se resuelve siempre con soluciones a largo plazo porque los intereses de la industria prevalecen sobre la salud global del planeta, pero es importante pensar acerca de qué es lo más relevante para que todos, inclusive las generaciones futuras, podamos disfrutar de un planeta sano.

 

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