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La partenogénesis es un curioso tipo de reproducción sexual que se da en algunos animales, como por ejemplo las abejas y los pulgones, con participación de un solo sexo. También podemos hablar de conceptos como: arrenotoquia y telitoquia que es cuando por medio de dicho proceso se obtienen solamente machos y hembras respectivamente.
Si alguien nos hiciese una pregunta del estilo de la del título, cualquiera diría que se trata de una idea descabellada e irracional. No obstante, por mas raro que suene, muchos de los animales que nos rodean poseen tan solo una madre y no un padre o progenitor macho ¿Cómo es posible esto?
Como sabemos muchos organismos, al igual que el humano, requieren de un óvulo (gameta femenina) y un espermatozoide (gameta masculina) para desarrollarse, de manera tal que si nunca se encuentran no se formará un nuevo individuo.
Sin embargo, algunos anfibios, reptiles y sobre todo insectos pueden originarse no necesariamente a partir de una fecundación tradicional. A este fenómeno se lo conoce como Partenogénesis.
La partenogénesis es el proceso por el cual un óvulo se subdivide de manera sucesiva hasta formar un nuevo individuo. Este individuo poseerá todas las características fisiológicas, morfológicas y anatómicas igualmente desarrolladas a las de cualquier ejemplar de su especie, es decir, que será igualmente viable.
Un ejemplo de esto suele ser el de las abejas: éstas poseen tres clases de individuos: las obreras (hembras infértiles), las reinas (hembras fértiles y madres de todos los individuos de la colonia) y los zánganos (machos). Así, la diferenciación entre los dos tipos de hembra se da gracias a la alimentación durante el período larvario, por tal motivo podemos decir que su desarrollo embrionario será igual en ambos casos. No obstante, cuando se trata de un zángano la cosa cambia y ya no hablamos de un desarrollo habitual sino partenogenético, es decir de un óvulo no fecundado, por lo que podemos suponer que el individuo no posee padre, pero sí abuelo materno.
Pero lo más raro de todo esto aún no esta dicho. Las abejas son seres sociales, dicho de otra forma, requieren de una elevada organización para poder coexistir. Así, cuando una reina nace, debe ser fecundada por un zángano (proceso conocido como vuelo nupcial). Una vez ocurrido esto, todos los espermatozoides quedan depositados en un habitáculo de la reina conocido como espermateca que sólo se abre cuando ésta deposita un óvulo en una celda pequeña, fecundándose un instante antes de ser depositado. En este caso hablamos de un huevo de hembra, ya sea obrera o reina. Como las celdas son diferentes en su tamaño, cada vez que la reina deposite un huevo en una celda grande, su abdomen no se comprimirá, razón por la cual la espermateca permanecerá cerrada. En este caso, de ese “huevo” (óvulo solo) saldrá un macho.
En especies como el pulgón, los machos y hembras solo se aparean en otoño. Por tal motivo, cuando una hembra encuentra un lugar rico en alimentos gesta (en su pequeño útero) hijas partenogenéticas para aumentar la población.
Es lógico pensar que durante el otoño, los machos, podrán fecundar a un mayor número de hembras cada uno asegurando la supervivencia de la especie en un área específica, ya sea por el número de individuos como también así por un aumento de la variación genética (que solo se logra por reproducción sexual).
La diferencia más sustancial entre esta forma de reproducción de ambas especies, abejas y pulgones, es que en el primer caso, el individuo resultante siempre será macho. A este tipo de partenogénesis se la llama arrenotoquia. Por el contrario, cuando por medio de partenogénesis sólo se originan hembras (pulgón) hablamos de: telitoquia.
En este mundo aún quedan muchísimas cuestiones interesantes por investigar, que nos desconciertan y desafían a revisar los ‘lentes’ con los que observamos la naturaleza.